Soy un desastre para las llaves, lo reconozco, las dejo en cualquier lado, y le pierdo la pista, hoy mismo, he encontrado las llaves del garaje en un abrigo, hace una semana que las tenía perdidas.
El otro día, domingo por la tarde, salgo al coche y a tirar la basura, únicamente con las llaves del coche, cuando vuelvo cargada con cosas, me doy cuenta que no he cogido las llaves de casa, en Maracena, sin nadie a quién acudir, llamé por el telefonillo a dos de mis vecinos, sin respuesta, se me ocurre andar unos pasos, y un poco a ciegas llamo a una puerta con la esperanza de encontrarme a una persona, acerté, era su casa, pero él no estaba. Mi cara debió ser un poema, porque la señora, en edad madura, muy atenta y cariñosa, de manera casi instantánea me prenguntó si necesitaba algo, y le expliqué que me había quedado en la calle, pero tenía localizado otro juego de llaves, que solamente podía recuperar con su ayuda. Todo esto de manera atropellada, sin darle ni siquiera mi nombre, y sin preguntarle el suyo.
Es curioso, y lo recordé ayer varias veces, y lo estoy reviviendo ahora mismo, con un nudo en la garganta, porque, como es posible que una tia como yo, tan segura e independiente, pasara un ratito con el mismo sentimiento de inseguridad y desamparo, que una niña que se despista de sus padres en un centro comercial. Mi buena vecina, sin conocerme de nada, me ayudó a recuperar mi juego de llaves escondido, y me abrió las puertas de su casa para cualquier otra cosa que necesitara. Más tarde, su hijo se acercó a mi casa para asegurarse de que estaba bien. ¡un encanto!
Ella me dejó huella, y yo le he correspondido, estamos empatadas, este hilo transparente que es el destino nos ha unido y buscaré cualquier excusa para visitarla de nuevo, necesito saber como se llama.......
Dylan
Hace 2 días
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